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Ávila – Medina del Campo. Valladolid – Palencia

Ávila – Medina del Campo. Valladolid – Palencia

Ávila – Medina del Campo. Valladolid – Palencia
2ª Etapa Gotarrendura – Arévalo (29 km.).
29 km. 29 km.

http://www.amigosdelcaminoenavila.org/etapas/quinta_etapa.htm


 


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Arévalo Arévalo

En Arévalo pasó Teresa la noche del 13 al 14 de agosto de 1567, en el camino a la Fundación de Medina del Campo. Aquella fue una noche de crisis, de encuentro con graves dificultades. Iban a alquilar una casa en Medina para comenzar, en tanto se arreglaba la que estaba apalabrada para comprar. Pero al llegar a Arévalo se enteró de que los frailes agustinos, que vivían cerca, se oponían a esta fundación, y el dueño de la vivienda alquilada, por no disgustarles, dejaba de alquilarla. 

Santa Teresa lo narra en las Fundaciones:

            “Pues, llegando la primera jornada, noche, y cansadas por el mal aparejo que llevábamos, yendo a entrar por Arévalo, salió un clérigo nuestro amigo, que nos tenía una posada en casa de unas devotas mujeres, y díjome en secreto cómo no teníamos casa; porque estaba cerca de un monasterio de agustinos, y que ellos resistían que no entrásemos ahí, y que forzado había de haber pleito. ¡Oh, válgame Dios! Cuando vos, Señor, queréis dar ánimo, ¡qué poco hacen todas las contradicciones! Antes parece me animó, pareciéndome, pues ya se comenzaba alborotar el demonio, que se había de servir el Señor de aquel monasterio. Con todo, le dije que callase, por no alborotar a las compañeras, en especial a las dos de la Encarnación, que las demás por cualquier trabajo pasaran por mí. La una de estas dos era supriora entonces de allí, y defendiéronle mucho la salida; entrambas de buenos deudos, y venían contra su voluntad  porque a todos les parecía disparate, y después vi yo que les sobraba la razón; que, cuando el Señor es servido yo funde una casa de éstas, paréceme que ninguna admite mi pensamiento, que me parezca bastante para dejarlo de poner por obra, hasta después de hecho. Entonces se me ponen juntas las dificultades, como después se verá.

            Llegando a la posada, supe que estaba en el lugar un fraile dominico, muy gran siervo de Dios, con quien yo me había confesado el tiempo que había estado en San José. Porque en aquella fundación traté mucho de su virtud, aquí no diré más del nombre, que es el maestro fray Domingo Bañes (tiene muchas letras y discreción), por cuyo parecer yo me gobernaba, y al suyo no era tan dificultoso, como en todos, lo que iba a hacer. Porque quien más conoce a Dios, más fácil se le hacen sus obras, y de algunas mercedes que sabía su Majestad me hacía, y por lo que había visto en la fundación de San José, todo le parecía muy posible. Diome gran consuelo cuando le vi porque –con su parecer– todo me parecía iría acertado. Pues, venido allí, díjele muy en secreto lo que pasaba. A él le pareció que presto podríamos concluir el negocio de los agustinos; mas a mí hacíaseme recia cosa cualquier tardanza, por no saber qué hacer de tantas monjas, y así pasamos todas con cuidado aquella noche, que luego lo dijeron en la posada a todas.

            Luego, de mañana, llegó allí el prior de nuestra orden, fray Antonio, y dijo que la casa que tenía concertado de comprar era bastante y tenía un portal adonde se podía hacer una iglesia pequeña, aderezándole con algunos paños. En esto nos determinamos. Al menos a mí parecióme muy bien; porque la más brevedad era lo que mejor nos convenía, por estar fuera de nuestros monasterios y también porque temía alguna contradicción, como estaba escarmentada de la fundación primera. Y así quería que antes que se entendiese, estuviese ya tomada la posesión, y así nos determinamos a que luego se hiciese. En esto mismo vino el padre maestro fray Domingo”.

            (Fundaciones, 3, 4-6)

 Decidieron, pues continuar, pero reduciendo la comitiva a las personas de más confianza. Teresa envió a las monjas de la Encarnación que la acompañaban (Teresa de Quesada, Isabel, Ana e Inés)  al cercano pueblo de Villanueva del Aceral, donde era párroco un primo de la Santa, hermano de dos de aquellas monjas, para que allí esperaran hasta que la situación se resolviera. Julián de Ávila completa este relato:

“Y así se despidió aquella noche parte de la gente porque se volviesen a Ávila, y de las monjas que se fuesen la mitad a un lugar que estaba cerca de allí, adonde era cura Vicente de Ahumada, hermano de una de las monjas que allí venían, y que se fuese con ellas un clérigo muy virtuoso que se llamaba Alonso Esteban, que  era natural de Arévalo, y que yo me fuese con nuestra santa Madre y otras dos monjas a Medina, y así se hizo a la mañana. Y fuimos por Olmedo, adonde estaba el Ilustrísimo (el obispo) de Ávila, y túvose noticia que en el camino estaba una señora viuda de Medina del Campo, y al presente, como se estaba en su lugar, tenía una casa en Medina muy malparada, en la cual tenía aquella señora un mayordomo y una ama que la servía. Finalmente, como habló la Madre a la señora, la dio licencia para que, si fuese menester aprovecharse de su casa, dijese al mayordomo se saliese de ella luego, y nos la dejase desembarazada; y aún que si fuese menester, unos tapices que allí tenía, que se aprovechase de ellos. De manera, que con este buen designio íbamos más confiados.

 Teresa continuó viaje el día 14, pasaron por Olmedo para visitar a D. Alvaro de Mendoza, y llegaron a Medina a medianoche, víspera de la fiesta de la Virgen de la Asunción.  

Arévalo y san Juan de la Cruz

Arévalo también está ligado a la memoria de san Juan de la Cruz. Según cuentan los biógrafos, tras la muerte de Gonzalo de Yepes y de Luis, padre y hermano, respectivamente, de Juan, la madre, Catalina Álvarez, empujada por la falta de medios económicos, dejó Fontiveros y emigró a Arévalo con los dos hijos que le quedaban, Francisco y Juan. En esta villa vivió unos años, hasta que emigró también de allí a Medina del Campo, donde se establecería definitivamente.

Así lo cuenta fray José de Velasco en la vida que escribió de Francisco de Yepes (la primera que da noticia de Juan de la Cruz), publicada en 1616:

 “Pasados algunos años, en los cuales se entretuvo con su madre y hermanos en esta villa de Ontiveros [Fontiveros], se fueron a la villa de Arévalo, donde se acomodaron con un mercader del mismo oficio [tejedor] hasta que se fueron a Medina de Campo a vivir”

 Según José de Velasco, en esta villa Francisco vivió su juventud, comenzó a llevar una vida virtuosa y se casó con Ana Izquierdo. Ambos se dedicaron, como Catalina, al oficio de tejedores.

 Los biógrafos de san Juan de la Cruz recogen también este dato, como Jerónimo de san José en su Historia del Venerable Padre fray Juan de la Cruz”, editada en 1641:

“Muerto su padre, quedaron él (Juan) y los demás hermanos suyos muy niños, la madre pobre y sola, desamparados todos, mas por eso mismo muy a cargo del amparo de Dios, por cuya cuenta corren los más olvidados del mundo. Padecía la honesta viuda mucha necesidad, sin que bastase a remediarla el trabajo de sus manos, nunca ociosas, por ser el lugar corto y desacomodado para quien había de valerse, y comer de sólo ellas. Por esta causa pasó a la villa de Arévalo, lugar más rico, aunque no mucho más a propósito para remediar su trabajo, por lo cual hubo finalmente de acogerse a Medina del Campo, villa muy crecida entonces y abundante con la frecuencia y riqueza de sus tratos y cambios”.

Aquí hizo asiento con sus tres hijuelos la pobre madre, procurando valerse de toda su industria para sustentarlos y sustentarse honestamente”

             Resultan imprecisos los contornos de esta parte de la historia de Juan. No se puede fijar el tiempo de su estancia en Arévalo, lugar en el que Alonso de la Madre de Dios sitúa el episodio de la caída en la laguna en la que le salva la Virgen María de morir ahogado. Lo cierto es que, al fin, empujada por la pobreza, la familia fue a establecerse en Medina del Campo. En este camino de Arévalo a Medina del Campo se sitúa la historia que cuenta Francisco, el hermano de Juan y recogen aquellos biógrafos barrocos, según la cual una bestia salió de una laguna para intentar tragarse a Juan:

             “Dejando Arévalo, fuese la buena madre con sus dos hijos a vivir a Medina del Campo, por ser lugar más a propósito, con la prosperidad que entonces estaba, para ganar con qué pasar la vida. En esta jornada, caminando bien solos madre e hijos, al pasar cerca de un charco de agua, tomando el demonio figura de un horrible monstruo, salió de él a través, acometiendo como a querer tragarse al niño Juan. Turbados con tal vista madre e hijos, repitiendo con lágrimas en alta voz ¡Jesús! y haciendo la señal de la cruz, aquella bestia desapareció" (Alonso de la Madre de Dios)

ETAPAS

Esta Ruta consta de 4 Etapas, pincha en cada una de ellas para ver el recorrido
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